lunes, 9 de abril de 2012


Querido Tim, imaginé una vida sin ti, desee olvidarte y fingí no haberte conocido jamás, llegó un día en el cual llegué a cuestionarme si tu existencia fue real o fuiste solamente una ilusión. Recuerdo todos los momentos contigo, pero decidí decirle a nuestro hijo que falleciste en un accidente de avión, que eras un hombre de negocios, muy ocupado y que jamás tenía tiempo para la familia, solo para ti. Creí que era mejor así, que no supiese que su padre odia a los niños y que te fuiste porque no podrías, querías aceptar que tenías un hijo. Decidiste que irte era el camino más fácil, sin embargo, jamás pensaste que perderías la mayor alegría de tu vida. Tim, no quiero engañarte, he sufrido mucho tu ausencia, desde que te fuiste no todo ha sido de color rosa... he fingido en multitudes de veces que era feliz, que ser madre soltera, viuda, es fácil, pero a día de hoy mi, nuestro hijo, aclama a un padre y a pesar del dolor decir que falleciste, me resultó una manera sencilla de echarle tierra al asunto, sin embargo, no puedo vivir con esta mentira toda la vida, así que te escribo esta carta con la esperanza de tener una noticia tuya. Entiendo que ya no quieras saber nada de nosotros, que quizás esta vez hayas encontrado a otra y hayas formado una nueva familia. Prometo no decir nada a nadie de todo esto, pero solo te pido que me des señales de vida o me veré obligada a montar una lápida con tu nombre en tu honor. Siento ser así pero desde tu ida mi vida cambió radicalmente y ya no soy la misma de antes. Vivir y sufrir para mi están en la misma línea.
Con todo mi cariño, Michel.

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